La técnica de facoemulsificación bimanual se ha beneficiado de la evolución de los facoemulsificadores y del instrumental, pero, desafortunadamente, la evolución de los implantes adaptados a las microincisiones es más lenta. Sin embargo, ante el interés cada vez mayor de los cirujanos por esta técnica, los laboratorios dirigen sus programas de investigación en esa dirección. En el futuro, la disponibilidad de implantes que pasen a través de microincisiones de menos de 1,5 mm transformará la facoemulsificación bimanual en un método estándar de la facoeresis.
Actualmente, hay dos métodos que se pueden utilizar para colocar un implante intraocular al realizar una facoemulsificación bimanual.
Para implantar un clásico implante de cámara posterior flexible con un inyector, se realiza una tercera incisión entre las dos microincisiones o se ensancha una de las dos a 2,8 mm. La preservación de las microincisiones permitirá mantenerse con el globo cerrado hasta el final de la intervención. Existen algunos lentes de la gama clásica con acrílicos hidrófilos al 26%, los bordes cuadrados, la óptica biconvexa de 6 mm y cuatro hápticas afinadas y anguladas, que se pueden inyectar a través de una incisión de 2 mm gracias a su diseño que evita el efecto tapón en el cartucho del inyector y confiere una gran resistencia a la compresión. Otras, con acrílicos hidrófobos y cuya óptica mide 5,5 mm, se pueden inyectar a través de una incisión ensanchada a 2,2 mm con un inyector y un cartucho modificados.
Para implantar una lente intraocular ultrafina adaptada a la cirugía bimanual, habrá que ensanchar una de las dos microincisiones entre 1,5 a 1,8 mm, lo cual no compromete mucho la estanqueidad o sellado de la incisión para poder terminar la intervención. Estas lentes ultrafinas de nueva generación son monobloques de acrílico hidrófilo con forma de lanzadera sin ángulos. El diámetro de su zona óptica mide 5,5 mm para un diámetro total de 11 u 11,2 mm con hápticas abiertas. La inyección se realiza a través de una incisión de 1,5 a 1,8 mm gracias a un inyector. En el obturador del inyector se fija una punta de espuma para evitar que se dañe la lente en el momento de la presión.

La implantación de este nuevo tipo de lentes intraoculares está rodeada de condiciones especiales: una capsulorrexis de 6 mm de anchura y un saco ampliamente abierto con producto viscoelástico. En el momento de aplicar el implante, el cartucho de inyección se coloca paralelamente en la prolongación de los bordes de la incisión sobre los cuales se apoya sin penetrarlos. La inyección se realiza con una presión firme sobre el pistón para que el implante se introduzca dentro de la incisión donde se va a deslizar como en un tobogán. El posicionamiento adecuado de la lente dentro del saco tiene que controlarse bien en el momento del despliegue intracamerular de las hápticas. Hay que señalar que existe el riesgo de ruptura capsular posterior cuando la lente ultrafina colocada al revés se da la vuelta. La óptica de estas lentes tiene que quedar adherida contra la cápsula posterior evitando los residuos de productos viscoelásticos debajo del implante al término de la intervención.
Este tipo de implante para microincisión ha sido utilizado para la primera evaluación clínica en el año 2000 por Kanellopoulos. El primer estudio referenciado en el Journal of Cataract and Refractive Surgery, dirigido por Dogru y al fue publicado en 2004.
Todavía hay que seguir siendo prudente y esperar para observar la estabilidad de estos implantes dentro del saco capsular. Una retrospección más importante permitirá evaluar las cualidades de estas lentes ultrafinas. Su tasa de opacificación capsular secundaria no parece tan baja como la de las lentes clásicas y ciertos autores están pensando en aplicar un tratamiento adyuvante sobre el saco capsular para reducir su opacificación.



